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Cuidados en casa




En esta página vamos a abordar los diferentes factores que deberemos tener en cuenta para que nuestras orquídeas puedan vivir largo tiempo y puedan proporcionarnos muchas satisfacciones en forma de flores y fragancias.
Esta información va dirigida especialmente a las personas que desconocen la materia y se encuentran ante el reto de cuidar por primera vez una de estas plantas en casa.

Aconsejamos la lectura de los diferentes apartados que a continuación se exponen y consultar también en nuestra página "tipos de orquídeas" las peculiaridades de cada especie respecto a sus necesidades.

Si sigue teniendo alguna duda respecto a sus cuidados, puede utilizar nuestro foro para preguntar a nuestros visitantes.

Necesidades básicas:

Luz: Agua: Nutrientes:
Temperatura: Humedad: Higiene:
Ventilación: Corte varas: Recipientes:
Substrato: Reproducción: Transplante:



Luz


Como todas las plantas, la luz es uno de los factores fundamentales para su buen desarrollo. La mayoría de orquídeas necesitan mucha luz pero poco o nada de sol directo (de las orquídeas tropicales, sólo las Vanda y las Cymbidium pueden tolerar el sol directo pero fuera de las horas centrales del día).
Debe buscar una ubicación cerca de ventanas con buena orientación. Si el sol entra en alguna hora del día procure filtrar la luz a través de visillos que la atenúen.
Unas buenas condiciones de luz son imprescindibles para estimular la floración y el crecimiento de la planta.
Si no se dispone de la suficiente luz natural, una opción consiste en instalar luces artificiales especiales para plantas. Las hay de diferentes tipos (de mercurio, de sodio de alta y baja presión, etc.). Consulte a su proveedor.

La luz insuficiente provoca la falta de floración, poco crecimiento, tallos frágiles que pueden caerse, hojas de color verde muy oscuro o, según otras condiciones, hojas que amarillean hasta caerse.

 

Agua


El agua es quizás, junto con la luz, el elemento más importante en el desarrollo de las orquídeas. Es mediante este elemento como la planta se hidrata y nutre a partir de las substancias orgánicas disueltas en ella.
Las orquídeas no pueden regarse con la primera agua que tengamos a nuestro alcance. Normalmente el agua corriente que sale del grifo de casa presenta una alta dureza, cloro, elevado ph y otros componentes que la hacen altamente perjudicial. Recordemos que en su hábitat natural las aguas suelen ser muy blandas y exentas de aditivos.

Para regar nuestras plantas deberemos utilizar agua blanda (baja en sales minerales, calcio, sodio, etc.). Normalmente se utilizan aguas embotelladas (la de marca Bezoya es idónea). No obstante, si disponemos de muchas plantas, una buena opción es instalar un equipo de filtrado de agua por osmosis inversa. Actualmente hay diferentes modelos a precios muy asequibles. Este tipo de filtrado múltiple nos asegura una baja dureza, una corrección del ph, eliminación del cloro y partículas pesadas.

Consejos para el riego:

Los riegos deberán tener una frecuencia ajustada a las condiciones de temperatura. Mayor frecuencia en verano y menor en invierno coincidiendo con los periodos de reposo después de la floración.
Los riegos deben simultanearse con las vaporizaciones que más adelante trataremos.
Es importante dejar que el substrato se seque parcialmente (sin llegar a que esté totalmente seco) entre riegos. Si vigilamos las raíces (en las que tienen envase transparente) sabremos que hay falta de riego si las raíces se han vuelto de color blanquecino. Si están verdes, probablemente no necesitan más agua.
Evitar en todo caso que el agua quede encharcada en el substrato. El drenaje siempre ha de ser muy bueno aunque esto hará que tengamos que regar más a menudo.
Para mantener un poco de humedad sin dañar las raíces, es aconsejable que coloquemos debajo de la maceta o recipiente que contenga la orquídea, un plato con bolitas de arcilla y un poco de agua. Lo importante es que el agua no entre en contacto directo con la base de la maceta ya que esto podría causar la podredumbre de las raíces. Deben ser las bolitas humedecidas las que transmitan por capilaridad algo de humedad. De esta forma colaboramos a que la planta tenga unas mejores condiciones (ver foto siguiente).

 

En esta foto se muestran diferentes posibilidades para mantener cierta humedad en la planta. Se trata de colocar bolitas de arcilla en la base con un poco de agua. En todo caso el nivel del agua no debe sobrepasar la altura de las bolitas (fotos 1,2 y 3). Hay otros recipientes (foto 4) que disponen en su parte inferior de un deposito aislado del contacto con la corteza y donde se deposita el agua sin tocar las raíces. De esta forma se consigue mantener una cierta humedad en el fondo sin peligro para las raíces.


Una de las mejores formas de regar nuestras orquídeas, es sumergiéndolas en un recipiente lleno de agua pero sin llegar a que el agua entre por la parte superior del recipiente o maceta. Esto está especialmente indicado para la mayoría de ellas. Normalmente, según, tamaño y condiciones de la planta, bastarán unos 10 minutos para que la planta absorba el agua que necesite. Posteriormente hay que escurrir bien el agua y dejamos que el resto lo absorban las bolitas de arcilla que hemos colocado en la base de la maceta.

Hay que tener en cuenta que las orquídeas que no disponen de pseudobulbos (por ejemplo Phaleanopsis) son más susceptibles de deshidratación y deberemos estar más atentos a su riego.

En el agua de riego podemos disolver además los diferentes nutrientes en forma de abono, según las indicaciones de cada fabricante. El único inconveniente que existe es que si vamos sumergiendo diferentes plantas, si hay alguna de ellas con enfermedades, puede facilmente contagiar a otro a través del agua. Por tanto utilizar este sistema con plantas que tengamos la certeza de que no presentan enfermedades.

Nutrientes


Hay dos métodos básicos para proporcionar nutrientes a las orquídeas. El primero es a través del agua de riego con abonos específicos para estas plantas. El segundo es mediante abono foliar. Las orquídeas absorben también nutrientes por las hojas, por tanto, se hace imprescindible incorporar en las vaporizaciones regulares, algo de abono de absorción foliar. Consulte a su proveedor habitual al respecto.
En las etapas previas y coincidentes con la floración es aconsejable también incorporar productos específicos para la estimulación de la floración. Dichos preparados, suelen llevar un complejo vitamínico, aminoácidos de síntesis y otros nutrientes. Su aplicación es foliar y, en todo caso, debe evitarse rociar las flores. La marca Flower, ofrece su preparado Vitalvid Orquídeas que funciona bastante bien.

Algunos especialistas recomiendan las siguientes pautas según los periodos vegetativos de la planta:

Para favorecer la reanudación vegetativa de la planta, se suministra a la orquídea una mayor cantidad de Nitrógeno (N) y se usa la fórmula 30:10:10 (N:P:K) qué quiere decir: 30 partes de Nitrógeno, 10 partes de Fósforo (P) y 10 partes de Potasio (K). Generalmente se realizan una o más dosificaciones en primavera con esta combinación.
Para favorecer una mayor floración se disminuye el nitrógeno y se aumenta el Fósforo y el Potasio y se usa por tanto la fórmula 10:30:20.
Durante los otros períodos se usa la fórmula balanceada 20:20:20 o 18:18:18.

Es importante recordar que nunca deberemos abonar la planta si el substrato esta muy seco. Si esto sucede deberemos proceder a un riego previo y esperar a que seque un poco antes de efectuar el siguiente riego con el abono.

 

Temperatura


Las diferentes especies de orquídeas están distribuidas en climas muy diversos. No obstante, la mayoría son originarias de las zonas tropicales y, por tanto, necesitan unas temperaturas cálidas o templadas. Difícilmente, estas plantas soportarán heladas o temperaturas por debajo de 4 o 5ºC.
En general, las orquídeas más habituales de las familias Cattleya, Cymbidium, Miltonia, Oncidium, Paphiopedilium, Phalaenopsis, Cambrias, Vandas, etc. Necesitan unas temperaturas mínimas no inferiores a 9 o 10ºC. Respecto a las máximas diurnas no deberían sobrepasar los 30ºC.
Probablemente, dependiendo de la zona geográfica en la que las tengamos, deberemos optar por ubicaciones principalmente de interior para garantizar el rango adecuado de temperatura.
Hay que tener en cuenta que a mayor temperatura deberemos aumentar el nivel de humedad para compensar la deshidratación.
También debemos recordar que muchas especies necesitan una diferencia de temperatura entre día y noche de 10ºC. o más para estimular la floración. Para ello puede que necesitemos abrir alguna ventana para reducir temperatura por la noche sin llegar a los límites mínimos antes señalados.

 

Humedad


La humedad es uno de los factores ambientales más importantes en el cuidado de las orquídeas y, a su vez, uno de los que más dificultades nos puede presentar en casa.
Ya hemos comentado que la mayoría de estas plantas tienen su hábitat natural en las zonas tropicales y subtropicales. La mayoría de ellas necesitan una humedad ambiental por encima del 40%, según se observa en la siguiente tabla.

 

Humedad ambiental necesaria según especie:

Género: Nivel humedad %:
Cattleya 50 a 80%
Cymbidium 40 a 60%
Miltonia Mínima del 70%
Epidendrum 20 a 60%
Dendrobidium 20 al 60%
Oncidium 20 al 60%
Paphiopedilium 40 a 50%
Phalaenopsis 50 al 80
Vanda 80%


Vemos que los diferentes géneros presentan humedades diferentes siendo las menos exigentes respecto a la humedad las oncidium, dendrobium y epidendrum. Éstas serían las de más fácil cultivo en un ambiente relativamente seco (menos del 50%). Por su parte las Vanda y Miltonia precisan de una humedad muy alta (mínimo de 70-80%) lo que hacen su cuidado difícil en casa si no disponemos de recursos complementarios.

En definitiva, las orquídeas necesitan temperaturas cálidas y humedad alta por lo general. Si bien, hay que matizar que muchas de estas plantas han nacido y crecido en invernaderos artificiales, son fruto de diferentes cruces (híbridos) y en cierta medida se han ido adaptando a otras condiciones ligeramente diferentes a las originales. Aún así, si queremos disfrutar de las orquídeas en un ambiente urbano, en un piso de la ciudad deberemos aclimatar parcialmente una pequeña zona que reúna, también, un mínimo de humedad.
A continuación vamos a ver algunas estrategias para elevarla. De hecho, en la práctica, suele utilizarse una combinación de ellas según necesidades o posibilidades.

Facilitar nivel humedad:


Ventilación


Las orquídeas no soportan los ambientes cerrados o cargados (con poco oxigeno o mucho humo de tabaco u otros). Si hay fuentes de metano cerca (fruta u otras materias orgánicas en estado de podredumbre) puede provocar la caída anticipada de las flores.
Por lo general es conveniente asegurar un mínimo de ventilación diario evitando las corrientes de aire directo sobre las plantas (sólo las Vanda las toleran).

Puede ocurrir que asegurarnos una ventilación correcta dificulte el mantenimiento de un cierto nivel de humedad según las condiciones ambientales que tengamos. Aún así es preferible ventilar (abrir alguna ventana puntualmente) que no hacerlo para mantener el grado de humedad. Una escasa ventilación con un nivel alto de humedad y temperatura favorece la proliferación de hongos, bacterias y virus.

 

Higiene


Las orquídeas son seres vivos y, por tanto, susceptibles de ser colonizadas por agentes patógenos de todo tipo. Un primer paso para tenerlos bajo control es mantener las condiciones ambientales que hemos ido comentando para prevenir riesgos. No obstante, deberemos, también, tener especial cuidado en los siguientes aspectos:

 


Corte de varas


Respecto a este punto no hay unanimidad. Algunas personas recomiendan cortar la vara floral una vez ha perdido todas sus flores. Otras aconsejan no hacerlo si la vara no se ha secado previamente. También existe la posibilidad de cortar la vara en su zona media y justo por encima de un nudo. De esta manera se facilita la formación de un nuevo brote floral o de un “keiki”. Los keiki son pequeños brotes que no derivan en flores sino en una planta idéntica a la madre. Es uno de los métodos de reproducción de algunas orquídeas.

Salvo que se quiera producir un keiki, particularmente prefiero cortar la vara en su base una vez las flores han caído. La razón es que si lo que obtenemos de la antigua vara es un nuevo brote floral, normalmente el número y tamaño de las flores es menor. Por tanto, creo más interesante forzar a la planta a que cree de nuevos cuando reemprenda el ciclo.

 

Keiki:


Recipientes


Respecto al tipo de macetas o recipientes adecuados para estas plantas hay que tener en cuenta varias características según la especie. Para las Phalaenopsis los más adecuados son aquellos que son transparentes (metacrilato, plástico o cristal). De esta forma aseguramos que llegue a sus raíces la mayor cantidad de luz posible. Recordemos que las raíces de estas plantas efectúan también la fotosíntesis y es conveniente que no estén en recipientes opacos.

Mención aparte merecen las Vandas. Para estas plantas lo mejor es colocarlas en cestas aéreas y que sus raíces queden expuestas al aire. El problema aquí será conseguir un ambiente lo suficientemente húmedo para su adecuado desarrollo. Algunas de estas plantas se comercializan colocándolas dentro de una jarra de cristal. Es un sistema que puede ayudarnos a mantener una cierta humedad en las raíces pero al mismo tiempo comprime el desarrollo normal de las hojas y planta en general.

Las otras especies se ofrecen en recipientes opacos y, de hecho, suelen adaptarse. En todo caso se aconseja que se utilicen macetas de material no poroso (plástico, metacrilato, etc) y se desaconseja la cerámica. El motivo es que la cerámica es muy porosa y eso facilita la retención de las diferentes sales disueltas en el agua (abono) pudiendo afectar con el tiempo a las raíces. Por tanto, disponga un recipiente no poroso con buen drenaje (agujeros grandes o numerosos en el fondo) y luego, si lo desea puede introducirlo en un tiesto decorativo de cerámica en el que hemos colocado en el fondo unas perlitas de cerámica.

 

Substrato


Existen diferentes tipos de substratos para las orquídeas dependiendo si se trata de orquídeas epifitas o terrestres. No obstante, todos ellos, comparten un rasgo común: su drenaje debe ser muy bueno. Las orquídeas no soportan el encharcamiento del agua de riego tal como ya hemos expuesto.
La mayoría de las orquídeas que compramos en los centros de jardinería son epifitas y, por tanto, necesitan un suelo ligero y poroso. Lo mejor es comprar el substrato específico para orquídeas directamente en el centro de jardinería.
Estos substratos se componen de una base de corteza de pino o abeto al que se le añaden diferentes materiales. Entre ellos, destacamos el esfagno (tipo de musgo), fibra de coco, fibra de osmunda (hecha de las raíces de la planta). Para mejorar el drenaje o evitar la compactación del substrato, se utiliza la piedra pómez, la arcilla expandida, o la perlita.

También, es frecuente encontrar mezclado con el substrato para orquídeas el poliestireno expandido. Aunque no se trata de un producto natural sino un derivado del petróleo, el poliestireno en forma de pequeñas bolitas de color blanco, nos ayuda a airear el terreno sin retener el agua.

Finalmente, resulta recomendable, antes de utilizar un nuevo substrato, lavarlo (puede hacerse con un colador) para eliminar residuos de polvo o material inerte innecesario.

No utilizar nunca tierra vegetal.

 

Reproducción


Probablemente, las orquídeas, son una de las familias más evolucionadas del reino vegetal. No en vano han logrado desarrollar diferentes métodos de reproducción en una misma planta.
En primer lugar, utilizan la vía sexual habitual que consiste en la fertilización de la flor a partir del polen que transportan los insectos de otras plantas. En gran medida, la belleza, color, olor y forma de las flores se debe a una compleja evolución que se ha adaptado a medida de las preferencias de los insectos de los cuales dependen para seguir reproduciéndose.
Esta vía que se da en su hábitat natural, resulta especialmente compleja reproducirla en ambientes artificiales. Los principales motivos son que las semillas tienen un tamaño casi microscópico, disponen de pocos nutrientes para sobrevivir y dependen de la pronta simbiosis con un hongo (Rhizostoma,) para completar el ciclo. No obstante, con las técnicas adecuadas y el cultivo in vitro, este proceso se lleva a cabo desde hace tiempo en laboratorios especializados.

Una segunda vía de reproducción la constituye la que podemos denominar como asexual. Consiste en la aparición en una vara floral de una pequeña plantita (keiki) que es copia exacta de la planta madre que la produce.
El proceso puede estimularse a partir del corte de una vara floral (por encima de un nudo en la parte media) y tras su floración y posterior caída de flores. Se aconseja retirar con cuidado la fina piel que recubre la yema del nudo para que de esta forma llegue más luz y estimule la aparición del keiki.
La planta va desarrollándose desde el tallo floral, apareciendo raíces aéreas. Una vez estas raíces miden entre 3 o 4 centímetros puede procederse con cuidado a la separación del keiki del tallo de la planta madre a la que está unido. El siguiente paso será plantarlo en un pequeño recipiente con el preparado habitual de corteza. A partir de auí disponemos de una nueva planta autónoma.

Algunas especies como las epidendrum o dendrobium utilizan principalmente la formación masiva de keikis sin tener que aplicar cuidados especiales, por lo que resulta muy fácil obtener nuevas plantas en casa.
Estos keikis suelen aparecer tras la floración y cuando parece que la planta y el tallo principal se están muriendo. Por tanto, la planta sigue su curso evolutivo normal y deberemos cuidarla para obtener nuevos brotes.


 


Finalmente apuntar que en las Cambrias, Oncidiums y otras, podemos reproducirlas también mediante el conocido sistema de división de matas. Para ello se separan los brotes jóvenes cuando han alcanzado cierto crecimiento. Para ello deberemos cortar con una herramienta afilada y desinfectada la parte que la une a la planta madre, teniendo cuidado con las raíces cuando la separemos.


Transplante


Las orquídeas necesitan pocos transplantes. Normalmente, las raíces viven bien en recipientes pequeños aunque estén un poco comprimidas. De hecho este factor puede estimular la floración. De todas formas hay 3 situaciones en las que está indicado proceder a un transplante:

1º- La maceta o recipiente se ha quedado muy pequeño y las raíces empiezan a salir fuera del recipiente en la parte superior o en el fondo aprovechando los agujeros de drenaje.
2º- El substrato se ha compactado y no drena bien por lo que retiene agua y es susceptible de descomponerse.
3º- La planta está infectada por hongos u otros y observamos deterioro de las raíces o su podredumbre (pasan del color verde a uno pardo u oscuro). Las primeras señales pueden aparecer en las hojas que empiezan a amarillear.

En el primer caso debemos buscar un recipiente ligeramente mayor al original pero respetando su tipología. Es decir, si es transparente, así deberá ser el nuevo.
El mejor momento para el transplante es en el período de reposo, justo después de la floración o al principio de reiniciar el ciclo vegetativo (normalmente primavera). No efectuar el trasplante durante la floración ya que una alteración brusca de las condiciones ambientales durante este período puede provocar la caida de las flores.
Procuraremos que el substrato de la planta que debemos extraer del recipiente esté ligeramente humedecido para poder arrastrar las raíces con mayor facilidad y sin provocar su rotura.
Una vez sacada la planta, elimine mediante corte (con herramienta previamente desinfectada) las raíces en mal estado o muertas. Las zonas de corte deberían ser tratadas con un fungicida de amplio espectro (consulte a su proveedor) para evitar que se infecten las heridas.
El nuevo envase también debe ser limpiado y desinfectado previamente.
Aconsejamos colocar en el fondo (para facilitar drenaje) unas bolitas de cerámica expandida que puede encontrar en cualquier jardinería. El resto debe ser cubierto con substrato especial para orquídeas, evitando compactarlo. No pasa nada por el hecho de que quede alguna bolsa de aire o raíces no cubiertas. Éstas buscan afanosamente la luz y el aire para efectuar la fotosíntesis, por tanto, eso ayudará.
Recordemos que el substrato es un preparado con una base principal de corteza de pino o abeto. Nunca utilizar tierra vegetal u de otro tipo.

En el segundo supuesto deberemos proceder de la misma manera garantizando que el nuevo substrato ofrezca el drenaje adecuado.

En el caso de infestación el procedimiento también es el mismo pero teniendo especial cuidado en cortar las partes enfermas o muertes y procediendo al lavado con jabón neutro de las raíces restantes. Tratar (según problema) con fungicida o insecticida adecuado.

Si en el trasplante hemos eliminado o cortado raíces, se recomienda no regar inmediatamente al estar las heridas todavía abiertas. Lo ideal es dejar unos días la planta en reposo y que las heridas se cierren antes de proiceder a su regado. Esto puede evitarnos problemas de infecciones.

 

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